Home PDV 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer: ¿Y qué?

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Sí, ¿y qué? ¿Acaso tener un día para nosotras sirve de algo?, ¿acaso disminuye la violencia de género?, ¿acaso necesitamos que se nos valore uno para que se nos puedan despreciar los 364 días restantes?, ¿acaso este día ha cambiado la vergonzosa situación que vivimos las mujeres?

Tenía entendido que la última noche del año tenía que ser especial, en la que disfrutar de tus amigos y familiares fuera lo primordial, así como de tu pareja (si la tienes).

Después de una cena estupenda en familia y una buena fiesta con mis amigos me disponía a ir a casa cuando, de repente, en un parque a oscuras y solos se encontraban un chico y una chica que no superarían los 25. Ellos discutían. Eran novios, por lo que pude entender. Recuerdo como él le bloqueaba el paso entre su cuerpo y la pared. Cómo él la agarraba del cuello y del brazo de manera tanto brusca y dañina como despreciable. Él gritaba alto y claro mirándola a los ojos y la apretaba cada vez con más y más fuerza. Ella apenas podía susurrar que la soltara. Que le hacía daño.

Yo, siendo testigo de la situación, empecé a alterarme, mis manos temblaban y mi voz titubeaba. El cuerpo se me revolucionó en milésimas de segundo provocando en mí gritos hacia él y una caída de lágrimas abundante. Entre mis gritos le exigía que la soltara. Y que lo hiciera ya. Él se calmó al ver mi reacción y retrocedió dos pasos que le sirvieron a ella como escapatoria para salir del pequeño espacio en el que se encontraba segundos antes. Él la persiguió y volvió a colocarse delante de ella, esta vez, en plena plaza del parque aunque, en vano, ella seguía cogida por el brazo.

Yo me senté en un pivote de la calle donde veía todo en primera línea y de dónde no tenía la más mínima intención de moverme hasta que no acabara la función. Dudo que esta fuera la primera vez que aquello sucedía y si lo era, desde luego, no la última.

Pedí ayuda a dos chicos que pasaban por allí, quienes se quedaron observando desde muy cerca. Escuchando su conversación. Y pidiéndole a semejante pieza que hablara sin cogerla del brazo.

Al cabo de un rato, la chica se fue. Sin más. Sin agradecimientos. Sin decir absolutamente nada. Avergonzada, quise suponer. Aunque le doy vueltas desde entonces. ¿Avergonzada o quizá más bien, sintiéndose culpable por aquello, sintiéndose responsable del motivo de la pelea, como si algo malo hubiera hecho ella, como si se lo mereciera?

Mientras tanto él se acercaba a mí pidiendome perdón. A MÍ, SÍ. A mí, que nada tenía que ver en la disputa. A mí, que no era quien acababa de sufrir una agresión, que no acababa de ser humillada y maltratada tanto física como psicológicamente. A mí, que no me acababan de forzar, de apretar el brazo y el cuello de mala manera y de llamarme “puta”, lo menos ofensivo.

No puedo olvidar desde ese momento la manera en que él me decía: «Entiéndelo por favor, si la dejo ir jamás volverá. No volveré a saber de ella. Esto se acabará y la habré perdido para siempre. La quiero más que a mi vida.» Ante lo que yo, lógicamente, quedé perpleja. «Que la quieres más que a tu vida?», recalqué incrédula. «Pues menuda mierda de forma de querer. Espero de corazón que jamás me quieran así.» añadí.

Lo que más pienso desde entonces es la manera en que ella se fue. Desapareció. Cabizbaja, sin mirar siquiera a ninguna de las tres personas que allí estábamos, intentando detener lo que podría haber acabado en algo horrible.

¿Pero sabéis qué? Que no sirvió de nada. Pongo la mano en el fuego por decir que eso se repetiría. Al día siguiente, él la llamaría y ella le perdonaría. Y todo sería genial hasta los próximos dos/tres días. ¿Y LUEGO QUÉ?

Me encantaría poder acabar con esto, esta efusividad que le ponéis al hecho de hacernos sentir menos, etiquetándonos, obligándonos a que todo esté bajo nuestra responsabilidad. Otorgándonos unas obligaciones y unas cargas que no nos corresponden más que a vosotros, sino en todo caso, de igual manera.

Pero esto jamás será posible. Y jamás lo será porque somos nosotras las primeras que no ponemos fin a esto. Somos a las que más nos cuesta darnos cuenta de cuándo y hasta qué punto están agrediéndonos. Somos las primeras en llamarnos putas las unas a las otras. Las primeras que no respetamos a las demás mujeres. Nosotras, defendemos lo indefendible. Nos culpabilizamos y hacemos ojos ciegos cuando se nos ayuda. Somos capaces de enfadarnos con aquellas personas que sólo intentan hacernos ver lo que pasa. Y somos las primeras que no aceptamos la sexualidad ajena de nuestro género.

Este día está hecho con toda la fuerza de las mujeres, las que luchamos para que dicho desprecio desaparezca pero no debería existir porque este maltrato hacia nuestro género, tampoco debería hacerlo. Se trata de que los hombres tengan sus derechos y nada más. Y nosotras tengamos nuestros derechos y nada menos.

Hoy, 8 de Marzo, Día Internacional De La Mujer, grito alto y claro:

NO QUEREMOS UN DÍA EN EL QUE DIGÁIS QUE NOS QUERÉIS. LO QUE QUEREMOS ES QUE EL RESTO DEL AÑO NO NOS ODIÉIS. NO NOS ACOSÉIS. NI NOS DISCRIMINÉIS. NI NOS VIOLÉIS. NI NOS PEGUÉIS. NI NOS MATÉIS.

ORGULLOSA DE SER MUJER. DE SABER SERLO. DE SABER RESPETAR.

FELIZ DÍA A TODAS Y CADA UNA.

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