Home PDV Análisis Descubriendo Yemen, el tesoro enterrado de Arabia

Seguramente lo primero que le venga a la mente cuando escucha el nombre de Yemen sea guerra, pero el país de la reina de Saba fue, es y será el paraíso perdido de la ‘Arabia Felix’ (‘Arabia Feliz’), uno de los países más fascinantes y desconocidos del planeta.

Yemen no es sólo crisis humanitaria, terrorismo y violencia, sino uno de los destinos turísticos más enriquecedores del mundo de no ser por su lamentable situación actual.

Un país en la Península Arábiga

¿Es Yemen un desierto como el de Alí-Baba? ¿Cómo visten en este país tanto hombres como mujeres? ¿Qué es una jambiya? ¿Hay especies endémicas en Yemen? ¿Dónde se construyeron los primeros rascacielos del mundo?

Yemen  tiene una de las diversidades paisajísticas más majestuosas del planeta. En la costa y en las llanuras hay un clima desértico tropical y en su meseta occidental una temperatura templada y lluviosa.

Actualmente es un país que se encuentra totalmente dividido entre Yemen del Norte (liderado por los huthis) y Yemen del Sur (liderado por los adeptos del presidente, Al-Hadi), en consecuencia de su incesable guerra.

Obviamente no es el momento de visitarlo presencialmente. Por eso no hay mejor manera de “viajar” a este destino, que leyendo este reportaje, alejándose de todo lo catastrófico para conocer cómo era y seguramente volverá a ser Yemen. Inshallah! (expresión habitual del árabe que significa “si Dios quiere”).

Lo primero que les va a impactar es la vestimenta de los yemenitas, que llevan un estilismo muy alejado del occidental y arraigado al Islam.

Vestimenta impactante

En el norte, los hombres visten típicamente thoub, una túnica larga con mangas largas. Alrededor de la cintura, se ponen una jambiya, una daga curvada con una empuñadura de madera que se sujeta con un cinturón grueso. Casi siempre llevarán sandalias. Y no les puede faltar su sello de identidad, el chal yemení.

 

En el sur los hombres llevan cinturón ma’waz, sarong, y shameez. Algunos se ponen el chal yemení igual que los del norte, pero pueden ser de distintos colores o diseños.

Las mujeres no variarán demasiado su vestimenta, teniendo en cuenta que es un país donde el 99,9% de sus habitantes son musulmanes practicantes y conservadores. Las verán siempre vestidas de negro con un vestido parecido a una bata, Baitah y burgu, dos telas destinadas a tapar sus cabellos y todo su rostro a excepción de los ojos.  Esto no es aleatorio, está recogido en su Sharia (ley islámica).

También hay una moda folclórica yemenita que nace en su capital, Sana’a, heredada tras miles de años. En la capital las mujeres pueden permitirse salir del negro y vestir su traje tradicional hecho a mano con materiales locales.

 

Una vez impactados por sus vestimentas, aterrizan en sus principales ciudades, donde tan sólo escucharán árabe clásico.

Saná, la ciudad de los bazares

Esta ciudad fue el resultado de sus tantos bazares. Repletos de mercadillos dedicados a perfumes, herrerías, cereales, frutos deshidratados, a la plata (considerada una de las mejores del mundo), de janbiyas, de poesía o carpintería.

Seguramente no podrán resistirse a comprar algún souvenir y para ello contarán en sus bolsillos con 30.000 riales yemenís, unos cien euros que darán para mucho.

Es una de las ciudades más antiguas de la humanidad, remontándose su historia al siglo V antes de cristo. Fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la humanidad por la destacable ingeniería de sus edificios. La arquitectura del país es única y tiene mucho mérito.

Shibam, «la Manhattan del desierto»

Sí, “La Manhattan del desierto”, una ciudad de rascacielos en medio del desierto, y no es Dubái. Fueron los primeros rascacielos construidos de la historia. Lo que más sorprendente es cómo han sido construidos, alejados de materiales modernos como el acero o el hierro. Se construyeron hace más de 500 años con barro cocido al sol, adobe y cal.

Almahra

Al este de la capital, donde el escenario cambia por completo, destacando por el inmenso “Jardín de Yemen”, considerado una de las reservas naturales más maravillosas de la península arábiga, donde verán animales y una vegetación muy distinta a lo que están acostumbrados.

Isla Socotra: el paraíso del índico

¿Yemen tiene islas? Unas cuantas, pero entre ellas destaca Socotra, “las Galápagos del índico”, “la isla encantada”, la isla de los delfines, de la vegetación y de las especies endémicas (como el águila de Socotra). Es una isla al alcance de muy pocos de hecho, los sauditas luchan por hacerse con ella y convertirla en su resort de lujo particular.

Socotra cuenta con un árbol emblemático, El árbol de sangre de dragón, del que se cuentan varias leyendas, como que cuando se corta derrama la sangre de los hermanos Qabiel y Habel. Es el único árbol que se conoce, que derrama una savia rojo sangre al cortarse. Esta savia tiene fines terapéuticos y médicos.

Tras visitar las principales ciudades del país, hablemos de su gastronomía ¿qué pueden comer en Yemen?

La gastronomía Yemení no les dejará indiferentes

Lo que jamás puede faltar en un menú yemení es el Rashosh, un delicioso pan que sólo hacen allí.

Rashos

Hay otro tipo de pan de maíz, Thamol, amasado en madera de Moufa.

Thamol

La carne por excelencia es el cordero, que suelen combinarlo con arroz y especias. Esta combinación se conoce como Fasha. También es típico un kebab variado o un estofado, Saltah, que se remonta a los otomanos que ocuparon Yemen.

Fasha y Saltah

Un plato menos copioso es el Shavoot, una sopa de carne y verdura hervida.

Y para los más golosos un surtido de Harisa, sus dulces populares.

Los productos autóctonos de la zona más reconocidos y prestigiosos son el café moca, procedente de Moca (Yemen), y la miel, reconocida una de las más caras del mundo.

Harisa y miel

Después de esta breve pausa gastronómica, conocen a la esposa del mar Rojo.

Hodeidah: la esposa del mar rojo

Situada en la Costa del mar Eritrea, es una de las ciudades con más población del país. Podría decirse que es el centro neurálgico de producción por su actividad agrícola, pesquera e industrial.

Pero también tiene parajes espectaculares, “La Reserva de Bura”, con densos bosques tropicales, animales y plantas autóctonas nunca vistas en ningún otro destino.

Y aquí finaliza su viaje exprés por un país de lo más variopinto, que tiene mucho que dar y demostrar.

Shukran y Maasalama (Gracias y hasta pronto como dirían ellos).

 

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