La esencia del flamenco tiene lugar cada noche en Tablao Flamenco La Alboreá ubicado en pleno centro histórico de Granada, en Plaza Nueva, a los pies de la Alhambra y el Albaicín. Una vez dentro de La Alboreá el público tiene la posibilidad de elegir entre la cercanía al tablao en el graderío principal o el ambiente íntimo de los reservados en la planta superior. Gracias a la acústica del local, no es necesario utilizar micrófonos o amplificadores, de esta forma es posible ofrecer un flamenco más natural y auténtico.

El pasado domingo por la noche, a un paso del escenario, el público pudo disfrutar de un magnífico espectáculo flamenco de aproximadamente una hora de duración, de la mano de Antonio Heredia, al cante; a la guitarra, César Cubero; y al baile, Kika Quesada y Paco Fernández.

La actuación comenzó con César Cubero arrancándole unos acordes a la guitarra, junto con los espectaculares pasos flamencos de Kika Quesada, intercalados con los tacones de Paco Fernández. Para continuar con la desgarradora voz de Antonio Heredia, interpretando unas bulerías, todo esto acompañado de unas rítmicas palmas que hacían que el espectáculo fuese mágico.

En ocasiones, la voz de Antonio Heredia quedó relegada a un segundo plano, y únicamente tuvo presencia la guitarra, acompañada de los maravillosos y espectaculares pasos de los dos bailaores, junto con las palmas. Para un poco más adelante, volver a dominar el primer plano, siempre acompañado de su jolgorio flamenco.

A las bulerías le sucedieron apasionantes fandangos, alegrías y otras bulerías con redobles de zapateo y palmas de la misma intensidad, causando en el público una expectación desmedida.  

A la mitad del espectáculo, el público pudo deleitarse con la música de la guitarra en solitario, con sus acordes, sus notas y sus giros musicales, en consonancia con el tono de la actuación. Gracias a este espacio, la voz y el baile aprovecharon un pequeño descanso.

Cuando acabó la guitarra en solitario, apareció en el escenario Antonio Heredia con su arrebatadora voz, que comenzó en un ritmo más pausado y tranquilo. Esta dio paso a la algarabía de zapateo y palmas de los bailaores, retomando el bullicioso ritmo que venía teniendo el espectáculo y volviendo a fundirse en el mismo, voz, música y golpe, al que el público volvió a responder con resonantes aplausos.  

Más adelante, volvió a desaparecer del escenario Antonio Heredia, y dejó de sonar un momento la guitarra, para dejar como protagonistas a los bailaores con su juego de pasos flamencos, junto con el escándalo de palmas, con un ritmo perfectamente coordinado. A estos, volvieron a incorporarse voz y música, cuando terminaron de hacer su trabajo en solitario.  

El espectáculo continuó con el habitual ritmo, y concluyó con la voz de Antonio Heredia apagándose paulatinamente, acompañada de la melodía de la guitarra y quedándose, finalmente, en solitario, los alterados pasos de los bailaores, al que el público respondió con un estruendo de aplausos y griterío.

El Tablao Flamenco La Alboreá contó el domingo por la noche con un público entregado al máximo, con aforo limitado y “con muchas ganas de repetir muy pronto”, como declararon algunos de los allí presentes.

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