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Palacio de los Córdova. Fotografía inspirada en el relato Fractal de soledad. Foto: Álvaro Barbero

Palacio de los Córdova. Foto: Álvaro Barbero

Allí estaba otra vez, vencido por la pobreza de espíritu que le iba ganando terreno en su mente; una terrible maldición que cada vez cobraba más sentido en su corazón. Incansablemente dedicaba su vida a la búsqueda del amor, a encontrar a ese alguien con quien poder compartir la emoción de ser uno. Se sentía abandonado por su suerte, no podía creer como el destino jugaba con él de esa manera. Tras conocer a una mujer que había logrado despertar el deseo, sus miedos se hicieron mucho más fuertes que antaño.

Aquella noche maldita seguía grabada en su subconsciente; su alma, incapaz de disiparla, temía ser pasto de la desesperación. Sin saberlo, experimentaba una condena que el olvido no lograba curar. Libraba una batalla que antes de comenzar estaba ya perdida, para él fue inevitable recordar a su familia, todos ellos fueron víctimas de una maldición con denominador común: la soledad.

En aquel sentimiento hubo viudas, simpleza moral, conformidad e incluso alguien que era incapaz de amar; él no iba a ser menos, su condición de vivir amores sacados del infierno sería su camino para dirigirse hacia aquella tristeza.

A lo largo de los años nunca logró entender el porqué de su obsesión por el amor, siempre hablando de él, tratando de encontrarlo e intentando definirlo.

Quizás no buscaba el amor que todos conocen, sino el amor como siempre debió ser, como lo sentía desde lo más profundo de sus ideas: puro.

Sin embargo, algo le decía que aquello que tanto anhelaba solo existía en el mundo de los sueños, donde todo es incorruptible.

En el momento de su despedida, experimentó la tristeza de no encontrar lo que ansiaba.

A pesar de eso, fue premiado con la certeza de que incluso estando maldito a una soledad eterna, su vida había estado marcada por el amor. Solo entonces comprendió que el amor quizás nunca llegará a ser puro, pero los corazones sí.

Texto: Jorge García-Torres Roldán

Foto: Álvaro Barbero

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