Los cimientos del cine de gángsters

¿A quién no le gusta el cine de gángster? Sinceramente, ¿a quién no? Ese género violento y a veces refinado. Se fomenta bajo los pilares del delito y el crimen organizado como medio para poder abarcar desde el mero film bombástico y blockbusters hasta ahondar en perspectivas socio-culturales que nos conciernen. Hoy en día, cualquiera puede coger su ordenador, tablet o móvil, abrir la aplicación de Netflix o HBO y encontrarse con cualquier producto audiovisual relacionado con el crimen y el contrabando. Pero, ¿antes era tan fácil?

El género de mobsters es probablemente de los más censurados a lo largo de la reciente historia cinematográfica y de los que más polémica y revuelos han generado. No es por mencionar películas actuales como The Boondock Saints (1999) de Troy Duffy que solo fue estrenada únicamente en cinco salas de cine. Fue vituperada por los medios y la prensa, la cuál no tuvo una versión sin censura hasta pasados 7 años en 2006, sino que ya desde sus comienzos repartía esquirlas de metralla a diestro y siniestro y mostraban sin tapujos aspectos que pocos tenían el valor de sacar a la luz.

La primera vez que apareció y se acercó al arte audiovisual a la figura del mob fue en la película Underworld (1927) de Josef Van Sternberg donde representa la soledad, angustia y asco de los grandes bloques de cemento de las ciudades. También donde se deshumaniza al entorno con esos tonos apagados dentro de la escala de grises y no al personaje, Bull Weed, el cuál mantiene sus bases morales, exaltando la amistad, la lealtad y la rebeldía del protagonista con una representación muy leve de la violencia en contraposición a Scarface del 31.

En solo 80 minutos la cinta es capaz de esparcir todo el abanico de posibilidades y forjar las bases narrativas: el ritmo del metraje, un estilo peculiar del uso de los planos y contraplanos, los arquetipos e incluso clichés de personajes del género, enfoque en la disonancia cognitiva entre lo que ve el espectador y la idea que tenía este del mismo y sobre todo en las ideas que este propone sobre el protagonista.

Estas son por una parte el precio del poder y el respeto (inspiración para la película de Brian de Palma, Scarface) y en segundo lugar, la justicia invicta al orden moral. Esta última idea se reforzará en obras posteriores donde el villano será castigado con la muerte pero desde una perspectiva incluso heroica.

De ahí surge esa dualidad polémica sobre la figura del antihéroe en el género. Por otra parte, los policías y justicieros se verán desarrollados positivamente como en Contra el imperio del crimen de William Keighley (1935).

Aún así, es hablar de una trama romántica. La acción y espectáculo dramático se queda de lado ¿Dónde queda la teatrera historia de gángster? Del mismo modo es innegable mencionar que los personajes carecen de trasfondo y perspectiva y que gracias a películas como Little Caesar de Marvyn LeRoy (1931) o Scarface de Howard Hawks (1931) con Rico y Tony Camonte respectivamente implementarían la idea del peso de las responsabilidades y de los lujo así como una idea del sueño americano que acabaría en tragedia.

Se enaltece al dinero y se dignifica sus orígenes. No obstante y aunque se presentan sus objetivos y su historia, escasea acorde al sentimiento de empatía con el espectador. Más tarde en películas como Angels with Dirty Faces se muestra la pobreza, una visión realista y pedante de la migración de la época. Sobre todo el día a día de los niños de cómo estos pagan los platos rotos al entrar en territorio peligroso, así como la entretenidísima y dinámica serie de Narcos de Chris Brancato y Eric Newman (2015), o incluso en las deplorables condiciones de vida de los niños que viven en las favelas de Brasil representados en la película de Ciudad de Dios de Fernando Meirelles, Kátia Lund (2002).

Un poco de historia

Los organizaciones con fines intrínsecos al alijo o al ajuste de cuentas ya existían desde hace varios siglos. No fue de destacable relevancia hasta inicios del siglo XX. Hay que remontarse a la Gran Depresión y a los años 20 en el que La Ley Seca (entre el 17 de enero de 1919 y el 6 de diciembre de 1933), estatuto aprobado en EE.UU, derogaba el consumo, fabricación, importación y exportación del alcohol a excepción de aquellos que tuvieran salvoconducto del mismo.

Concretando, esta fue designada bajo el nombre de Ley Volstead, por Andrew Volstead presidente de la Cámara de Representantes sobre Asuntos Judiciales y Wayne Wheeler fundador de la misma. Tras la presente ejecución de la misma se produjo un caos incontrolable, que conllevó a la aparición de varios grupos independientes que se dedicaban a traficar con este producto y a un costo mayor por su demanda.

Muchas figuras se hicieron camino e impusieron su doctrina y nombre en la cabeza de los representantes del país y de muchos ciudadanos a pie de calle. Sorprendentemente, no todos estaban atemorizados por la persecución de malhechores e incluso los asesinatos en masa que se pudiesen provocar, sino que una gran parte apoyaban su causa y personalidades como Al Capone, que tendría mucho peso nacional.

Capone, de hecho, será de las figuras más representadas en este medio con interpretaciones de Capone con Ben Gazzara y Jason Robards en La Matanza del Día de San Valentín, ambas de Roger Corman, Capone de Josh Trank por Tom Hardy y en Los Intocables de Elliot Ness de Brian de Palma con Robert de Niro.

¿Quiénes apoyaron esta causa? Tras el auge de la llegada de extranjeros desde 1850, en su mayoría de procedencia irlandesa, alemán e italiana y sus respectivas costumbres, los líderes más conservadores, en su mayoría religiosos, chocaban con sus intereses e ideas respecto al consumo del alcohol.

Aún más, todo esto precedía previamente de los problemas de gestión y uso de este durante la Guerra de Secesión. Pero no solo se queda ahí, sino que además el número de incidencias de violencia intrafamiliar y ebriedad estaba por las nubes, lo cual estalló con el Movimiento de Templanza agitado por masas de personas que afirmaban que el alcohol era el principal problema de la sociedad coetánea y que atrasaba al país.

Robos, atracos, sobornos, amenazas, corrupción, asesinatos en serie, alteraciones en el exceso de determinadas bebidas alcohólicas de uso recetado que acabaron en envenenamientos, e incluso genocidios, fueron algunos de los efectos resultantes por un bote de tinta manchado en sangre los cuales son de inspiración para muchos directores de cine.

Obras de interés

Obras como El enemigo público de William A Wellman (1931), Hampa Dorada de Melvyn Leroy (1931), The Racket de Lewis Milestone (1928), Little Caesar de Mervyn LeRoy (1931), Dead End de William Wyler (1937), Angels with Dirty Faces de Michael Curtiz (1938), Los violentos años 20 de Raoul Walsh (1939) y White Heat de Raoul Walsh (1949) serán los precursores de una nueva vertiente en el universo de las butacas y palomitas.
¿Qué viene después?

A partir de este momento los films del cine negro se irán desprendiendo en subgéneros y poco a poco conseguirán una marca identitaria única y personal respecto a otros visionados como son la versión americanizada llamada la Cosa Nostra. Y después, ¿cómo se desenvolverá y qué sorpresas nos dará el cine de los años posteriores?

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