El idioma como arma política en la educación

¿Entendería alguien, en pleno siglo XXI, que en cualquier parte del mundo no se impartiera una educación (al menos en un grado razonable) en el idioma oficial del estado? ¿Qué a su vez es el segundo idioma más hablado en el planeta, siendo oficial en 22 países de 3 continentes distintos, pero que también es usado habitualmente en otros muchos países sin ser oficial?

Posiblemente, de manera lógica, la respuesta arrojaría un aplastante no. Recibir un grado mínimo en este idioma, garantizaría llegar a tener una educación de nivel en un idioma líder a nivel mundial, que puede aportar importantes oportunidades de desarrollo laboral, económico y social.

En este caso el idioma es el español, que es el segundo idioma más hablado en el mundo como materno o recurrente. Tras el mandarín, como lengua materna, y tras el inglés como idioma usado internacionalmente. Se estima en más de 360 millones de personas que lo hablan como lengua materna, ampliándose a unos 567 millones, si se incluye a quienes recurren habitualmente a él para comunicarse.

Y respecto a la pregunta inicial, señalar que esto ocurre en España. Como se ha podido ver estas últimas semanas, es noticia de nuevo en Cataluña una batalla lingüística en el terreno educativo. El gobierno autonómico catalán mostró su total oposición a aplicar la sentencia del pasado diciembre de 2020 del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), tras rechazar el Tribunal Supremo (TS) el recurso que la Generalitat había interpuesto sobre dicha sentencia, que estipula que debe impartirse y garantizarse el 25% de las clases en español en las aulas de Cataluña.

El bilingüismo, con dos idiomas oficiales en varias de nuestras comunidades autónomas, es un fenómeno enriquecedor. Permite mantener la cultura propia de cada una de las distintas regiones o nacionalidades que engloban España, junto al castellano o español.

Pero lejos de valorar las ventajas y beneficios del bilingüismo, del que se ha disfrutado en las aulas tras la Transición Democrática, en todo este período y a medida que ciertos partidos políticos nacionalistas y/o independentistas han fortalecido posiciones en Cataluña, el castellano ha ido perdiendo posiciones en todo el entorno público catalán.

Como se puede apreciar en los medios de comunicación públicos, especialmente en las cadenas de televisión y de radio públicas autonómicas (TV3, Catalunya Ràdio y todas sus cadenas y emisoras satélites). No hay que olvidar también la imposición de la rotulación de los comercios en catalán.

Comenzando por la educación, la lengua es un arma política que los partidos políticos nacionalistas e independentistas siempre quieren controlar y usar más allá de la lógica y normal aplicación que correspondería en el plano cultural propio de la región o nacionalidad histórica, según recoge la Constitución.

Más allá de garantizar una igualdad entre los idiomas oficiales, y potenciar el bilingüismo, poco a poco, el castellano ha ido perdiendo importancia en las escuelas, potenciándose el catalán. Desde la enseñanza infantil, pasando por la educación primaria y secundaria, hasta alcanzar la universidad, todo apunta a una forma de ir ganando adeptos a su ideología. Al mismo tiempo se puede ir transformando nuevas generaciones que provienen de familias castellanohablantes a catalanohablantes como primera opción, así como hacerlos sentir más catalanes, más cercanos a la identidad y cultura catalana, y de paso, “alejándolos” de la cultura española.

Llega hasta tal punto, que son ya varias las sentencias en el sentido de garantizar una enseñanza mínima en lengua castellana, que la Generalitat de Cataluña ignora, desobedece e incluso manifiesta abiertamente que no acatará. El propio Pere Aragonès, presidente del gobierno catalán, ha dado titulares como: “La decisión del Tribunal Supremo es una falta de respeto al sistema educativo y una injerencia”, o “el catalán en la escuela no se toca”.

Estas declaraciones y otras de miembros del gobierno catalán, o de los partidos políticos que conforman dicho gobierno o alineados a estos, promueven un enfrentamiento social, haciendo creer que la lengua catalana está siendo atacada con la imposición del castellano por las autoridades de la justicia española.

Cuando ya en su momento, el TSJC aclaró que la medida no pretende perjudicar el mantenimiento del catalán como “centro de gravedad del sistema”, sino garantizar la presencia del castellano, idioma cooficial en Cataluña junto al catalán, en una proporción razonable, fijando la justicia este mínimo del 25% de las clases en castellano. Algo con lo que se pretende que ambas lenguas convivan en libertad y sin excluirse ninguna de las dos.

El TSJC instaba también a la Generalitat y a su Consejería de Educación a que el próximo curso aplicara estas medidas en los centros donde las familias lo soliciten, preservando “la identidad e intimidad” de las mismas y de los alumnos.

A esta batalla lingüística se suma otra: Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), pone como condición a Pedro Sánchez para apoyar y no rechazar de entrada los Presupuestos Generales del Estado (PGE), que la Ley del Audiovisual recoja un porcentaje mínimo del uso del catalán en las distintas plataformas como Netflix, Amazon Prime, HBO o Disney Plus. Para recibir más apoyos, ERC, también alude al gallego y al euskera, reclamando que la ley incorpore una reserva del 7,5% para estos idiomas.

En 2010 la Ley del Cine de Cataluña, preveía una exhibición del 50% de las películas que no fueran originalmente en castellano, dobladas al catalán. El Constitucional dejó finalmente la cuota en 2017 en el 25%. Pero el gobierno autonómico catalán no ha podido superar el 3% de las películas dobladas o subtituladas en catalán a la fecha.

Varios son los problemas o situaciones que ha impedido avanzar: desde las grandes distribuidoras que no lo ven rentable, como la falta de capacidad de los responsables de Cultura en Cataluña y la de doblar tanto film al catalán, o las inversiones y gastos que supone todo el proceso, así como la falta de potenciar el acompañamiento de películas propias en catalán…Todo queda en una permanente guerra lingüística en distintos escenarios, no sólo para igualar el bilingüismo entre los dos idiomas cooficiales en Cataluña, sino para ganar terreno uno a otro. En el terreno educativo y público, parece que la Generalitat logra imponer sobradamente el catalán e impedir que el castellano ocupe su lugar. Pero luego, en el consumo libre de mercado, en lectura y medios audiovisuales, el gobierno catalán parece no lograr ponerle vallas al campo…, y esto parece no agradarle.

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