Home Imaginarios La corrupción de los astros

Vista de la Luna desde el pico del Veleta, en Sierra Nevada (Granada). Foto: Antonio L. Juárez

Vista de la Luna desde el pico del Veleta, en Sierra Nevada (Granada). Foto: Antonio L. Juárez

Era un fanático de los astros. Desde muy pequeño su única obsesión fue la búsqueda de algo superior que justificase sus preguntas; el mundo en el que vivía cada vez le gustaba menos y luchaba por pertenecer a otro.

Un buen día contempló las estrellas, la forma en la que brillaban, la calidez que le brindaban y el consuelo de que hubiese algo que escapase a su comprensión le llevaron a dedicar su vida a estudiar astrología. Así fue como viajó por los planetas, entendió los signos del zodiaco y aprendió a entrever los secretos de las personas que le rodeaban.

Trazando cartas astrales ayudó a la gente a conocer más sobre ellos mismos e, incluso, fue capaz de leer el futuro en ellas. Por primera vez en mucho tiempo se sentía poderoso.

Esa práctica adquirida le llevó a ser el mejor astrólogo conocido, todo el mundo iba a visitarle; su sabiduría cósmica le valió para llevar a cabo uno de sus sueños: viajar por el mundo (Panamá, México, Perú, Cuba…) era el triunfo de la magia sobre la realidad.

Sin embargo, nunca se sintió satisfecho; tal era su necesidad de ser parte de otro mundo que su espíritu nunca volvería a estar presente en este.

Comenzó a utilizar sustancias mágicas para visitar los planetas que tan bien conocía, vivir los futuros escritos en las estrellas y crear una línea paralela entre realidad y sueños; su descenso a la locura había comenzado. Cada vez veía imágenes más confusas e intrigantes: sombras, agujeros negros y hasta la propia muerte.

Lejos de abandonar las sustancias causantes de aquellos delirios, el astrólogo, embriagado de poder, aumentó las dosis. Aquel mundo tan oscuro estaba lejos de aquello que antaño estudió pero su orgullo le impidió huir de la mentira.

Con los años terminó haciendo real ese mundo insano, llegando incluso a escuchar voces procedentes de demonios que buscaban un nuevo siervo.

Debido a su pérdida de la cordura, nunca pudo entender que las galaxias que tanto amó estaban obsoletas en aquella realidad. Su conocimiento de las estrellas se disipó, y los signos zodiacales le abandonaron a su suerte dejando que el astrólogo se consumiese en la oscuridad.

Hoy nada más se sabe de él pero se dice que los astros, agradeciendo los servicios prestados, le brindaron un trono junto a ellos en el firmamento.

Texto: Jorge García-Torres Roldán

Foto: Antonio L. Juárez

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