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La grandeza de la vida

Foto: Ravi Roshan para Unsplash

En estos tiempos que corren, hacen falta gestos que mantengan viva la llama de esperanza, porque, en tiempos del coronavirus, tenemos que mantenernos más unidos que nunca. Un ejemplo era la iniciativa de cada día a las 20h cuando se anima a salir al balcón de casa a reconocer, con el gesto de aplaudir, a todas aquellas personas que, con su lucha, están al pie del cañón combatiendo al virus y levantando el país. 

El confinamiento sirvió para ver intenciones y acciones de personas que piensan en los otros antes que en sí mismas, de aquellas que piensan en sí mismas a la vez que en otras personas y, también,  de aquellas que han encontrado algún rato para pensar en ellas mismas y, por lo que fuera, antes no podían o simplemente no lo hacían.

Y es que el planeta, y nosotros mismos, estábamos pidiendo a gritos un tiempo muerto para que fuésemos conscientes de todo lo que estaba pasando. Y nos han concedido el tiempo suficiente para poder pensar y recapitular sobre todas nuestras acciones. Se ha podido comprobar que sin la acción del ser humano, la naturaleza y la atmósfera se ha estado recuperando, corroborándose, por si no se sabía ya, que es el propio ser humano el que está acabando con todo y con todos.  

Una vez que recapitulas y echas la vista atrás te das cuenta de muchas cosas que han sucedido a lo largo de tu vida y eso hace que pienses y estimes cuando todo esto haya terminado, esos bares que observamos desde las ventanas de nuestras casas, que ahora permanecen cerrados, volverán a ser cerrados  pero por nosotros. Cuando todo esto haya terminado, aquello que manteníamos en secreto, que permanecía aislado de la sociedad debido a nuestra mudez y vergüenza, será gritado a los cuatro vientos. Cuando todo esto haya terminado, todos los besos de despedida se convertirán en besos de alegría. Cuando todo esto haya terminado, sabré agradecerte que hayas estado tan cerca y que hayas sido ese apoyo constante en el que apuntalarme. Cuando todo esto haya terminado, volveremos a ser felices.

Durante el confinamiento  es posible que se echaran de menos los viajes de vacaciones o las fiestas que se hacían. Pero seguro que nos hemos dado cuenta que el más mínimo detalle es lo que de verdad más nos llena como personas. Es triste que haya tenido que llegar esta situación para empezar a valorarlo pero, como dice el dicho, más vale tarde que nunca.

Porque la grandeza de la vida se encuentra en las pequeñas cosas.

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