Home Gran Angular Artículos La Pandemia Oculta

María del Pilar, 45 años, al igual que todos los españoles, ha sufrido el confinamiento que trajo consigo la pandemia. El segundo de sus tres hijos estuvo hospitalizado por un accidente laboral durante el mes de septiembre.

Al no poder relacionarse ni distraerse con sus amistades y familiares durante ese tiempo, Alejandro comenzó a sufrir ataques de ansiedad esporádicos y tuvo que ser medicado. María del Pilar reconoce que, desde que empezó la pandemia, se ha sentido más triste y sola.

Durante este último año en todo el mundo hemos oído hablar mucho sobre la pandemia del coronavirus y de sus consecuencias. Pero con el foco puesto en esta enfermedad, hemos obviado e incluso ignorado otra pandemia que es consecuencia de la anterior: la pandemia en el ámbito de la salud mental.

El análisis de la Organización Mundial de la Salud

Lo cierto es que esto no es nada nuevo ya que, desde la Organización Mundial de la Salud, se venía anunciando desde hace años que la próxima gran pandemia sería debida a problemas de salud mental. Con la irrupción del COVID-19, esta hipótesis no ha hecho más que agravarse, superando además todas las previsiones.

A lo largo del pasado año, los españoles junto con los portugueses, fueron los mayores consumidores de ansiolíticos, sedantes e hipnóticos de todos los países de la unión europea. Además, más de un tercio de la población española reconoce que en algún momento ha llorado a causa de la pandemia.

El deterioro de la salud mental en la pandemia

El caso de Maria del Pilar es un ejemplo de deterioro en la salud mental que ha tenido que sufrir esta familia a consecuencia de la pandemia. No es un caso aislado, puesto que en el último año se ha experimentado a nivel nacional un aumento sin precedentes de los casos de ansiedad y depresión.

Según el estudio “Malestar psicológico derivado de la COVID-19 en la segunda ola”, elaborado por el Consejo General de la Psicología de España (COP) y Sonae Sierra; uno de cada cuatro españoles presentaba síntomas de depresión graves o moderados.

El cambio de rutina y de hábitos han sido los principales causantes de una notable sobrecarga de estrés en un amplio sector de la población. El 41% de los españoles reconocía no dormir las mismas horas que en el periodo previo a la pandemia.

El suicidio como respuesta

Todo esto, junto con la incertidumbre que se vive, ha traído consigo un considerable aumento de trastornos mentales y del número de suicidios en nuestro país.

Según la clínica psiquiátrica “López Ibor”, el año pasado se registraron más de 3.600 suicidios y unos 8.000 intentos. Esto llevó al suicidio a convertirse en la primera causa por muerte externa (de forma no natural), superando con creces los fallecimientos por accidentes de tráfico, homicidios o violencia de género.

Con motivo del día Mundial Para la Prevención del Suicidio (10 de septiembre) esta delicada cuestión tuvo algo de repercusión en el Congreso de los Diputados. Aunque se centraron sobre todo, en la tasa de suicidio, en 2020 se suicidaron 27 policías.

Para prevenir y detectar posibles casos dentro de este gremio, en 2015 se creó “Ángeles de Azul y Verde”; una asociación independiente sin ánimo de lucro compuesta por voluntarios, miembros de la Policía Nacional, miembros de la Guardia Civil, psicólogos y psiquiatras. Se dedican a detectar a todos aquellos que puedan estar pasando un momento difícil y orientarlos en todo lo referido al bienestar psicológico.

Pandemia y depresión: la tormenta perfecta

En la mayoría de los casos, la víctima se siente sola y no encuentra la valentía para hablar de la tormenta interior a la que se enfrenta.

Por ello, los profesionales junto a diferentes asociaciones como “Confederación Salud Mental España” lanzaron el pasado 10 de septiembre una campaña titulada “Conecta con la vida” en post de la creación de un plan nacional a largo plazo para la prevención del suicidio.

Se reclamó formación especifica de los profesionales que atienden a estas personas en cualquier ámbito junto con la creación de un teléfono de atención a la conducta suicida que sea público, gratuito, universal, accesible y de tres cifras, fácil de recordar; además de un aumento en el número de campañas de sensibilización.

Las propuestas de la Autoridad sanitaria internacional

La idea de la creación de un plan nacional de prevención del suicidio lleva en el espectro político desde hace años, sin embargo, ninguna de las iniciativas llegó a materializarse.

La OMS en 2008 mediante el “Programa de acción para superar la Brecha en Materia de Salud Mental”; estableció la depresión y el suicidio como una prioridad, proporcionando asesoramiento técnico basado en datos científicos.

En 2013, se lanzó el “Plan de acción sobre Salud Mental”, que se proponía reducir un 10% la tasa de suicidio para el año 2020 en los estados miembros.

Ya en 2014 y en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se publicó el informe “Prevención del suicidio: un imperativo global”; que alertaba a los países sobre la importancia de disponer de un Plan de Prevención del Suicidio, considerándolo de alta prioridad.

En juego, algo más que la salud

Actualmente en España lo único que tenemos para intentar frenar los suicidios es una “guía clínica de prevención y tratamiento de la conducta suicida”.

Algunas comunidades ya han iniciado políticas públicas enfocadas a prevenir y actuar ante estas difíciles circunstancias como Navarra, que tomó la iniciativa en 2014 con su protocolo de actuación y prevención ante conductas suicidas.

La Generalitat Valenciana, que aprobó en 2017 su Plan de Prevención del Suicidio y Manejo de la Conducta Suicida y otras como Cataluña, Euskadi, Galicia, Asturias, las dos Castillas y Extremadura que ya han iniciado políticas públicas en ese sentido.

Se debe intentar acabar con los tabúes que existen acerca de este tipo de problemas que afectan cada año a miles de personas en este país, en algunos casos destruyendo vidas y familias.

Mediante la creación de planes de concienciación, apoyo público y una estrategia social adecuada, se podrá alcanzar las metas de prevención de suicidio establecidas. La vida de miles de personas está en juego.

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