Home Entrevistas Lola Piña: “Hoy en día, no se trata a Manuel Piña con...

Imagen: ESCO

 

Ya han pasado 10 años desde que Lola Piña decidiera crear su propio taller de costura y apostar por el trabajo artesanal en el mundo de la moda. ‘A Dedal’ es el proyecto por el que la madrileña lleva luchando todo este tiempo, aunque 2019 no es especial para ella solo por eso, sino también porque se cumplen 25 años de la muerte del diseñador Manuel Piña, quien fue su mentor y gran amigo.

 

C.C. ¿Cómo empezaste en el mundo de la moda?

L.P. Empecé siendo muy jovencita porque decidí que no quería estudiar, craso error (riéndose). Mi madre era modista y un día comenzó a trabajar para Manuel Piña; note un cambio en ella, siempre ha sido una persona muy alegre, pero en ese momento la veía, incluso, más contenta. Entonces, pensé, “¿Qué tiene este trabajo que hace a mi madre tan feliz?”. A partir de ese momento, mi curiosidad aumentó y dejé los estudios en COU para trabajar en ese mundo tan fascinante.

Así que, mis inicios fueron en el año 86 de la mano de Manuel, y empecé, pues como se empieza con 17 años, haciendo cajas y cogiendo el teléfono.

C.C. En 2019 se cumplen 25 años de la muerte de Manuel Piña, ¿cómo fue trabajar para una figura tan importante?

L.P. Fue un honor. He sido muy afortunada en mi carrera profesional porque tuve el privilegio de empezarla con él y trabajar con otros diseñadores, como Sybilla. En general, trabajar con Manuel fue un despertar a la profesión, a la moda y a la vocación. Él era un gran artista, una gran persona y un gran profesional.

C.C. ¿Qué fue lo mejor que aprendiste de él?

L.P. La constancia y la tenacidad. Se marcaba unos objetivos y no perdía el rumbo, lo que creo que es muy importante en nuestra vida profesional y personal. También me quedo con la energía y la pasión con la que desarrollaba su trabajo y con la que se relacionaba con su entorno. Esas son varias de las cosas que admiraba de él.

C.C. Una de las anécdotas que solía contar Manuel era la vez que se presentó a Issey Miyake en plena calle y consiguió obtener una invitación para su desfile, ¿cree que las nuevas generaciones deben tener como ejemplo esa actitud perseverante?

L.P. Yo creo que sí, pero no solo en la moda, sino que hay que tener una actitud valiente ante todo. Cuando somos jóvenes, no es que tengamos patente de corso para hacer lo que queramos, pero sí es un momento de tener esos arranques de energía positiva, sobre todo, porque creo que esa actitud se está perdiendo. Actualmente, ya no se suele hablar de tú a tú; la evolución de la tecnología tiene cosas muy buenas, pero otras no tantas.

Por eso, pienso que cualquier profesional tiene que tener arrojo. Además, esa es una muestra de como Manuel, un chico que nació en un pueblo de La Mancha, se fue a vivir a un Madrid devorador y viajó a lugares como París sin hablar ni una palabra en francés. Su pasión era de admirar y debemos aprender de ella tanto los que no somos tan jóvenes, como los que acaban de empezar en este mundo.

C.C. ¿Ha visto la influencia de este diseñador en la moda actual?

L.P. Hoy en día, no se trata a Manuel Piña con el reconocimiento que merece. No se ve mucha influencia de su espíritu, del espíritu de los años 80 por lo general, en la ropa. El problema está en que los diseñadores españoles no se hacen valer, porque siempre se toman como referencia a los diseñadores internacionales, cuando hemos tenido y tenemos grandes profesionales a nivel nacional.

C.C. El año pasado se publicó el cierre de Sybilla, ¿Qué sentiste al saber esta noticia?

L.P. Pues me sentí muy triste, pero el caso Sybilla lo lloré hace mucho tiempo. Dejé de trabajar para la marca hace once años cuando entro en un proceso de cambio con la incorporación de nuevos directivos y, por ende, la salida de otros, entre ellos yo. Para mí fue doloroso ver como, desde dentro, se tomaban decisiones que llevaban a la quiebra, pero aun así siguió vigente durante diez años. En cierto modo, yo ya tenía curada la herida cuando me enteré de este cierre definitivo. Ella intentó reconducir el proyecto, pero no lo consiguió.

De hecho, ambas nos reunimos hace poco, hablamos de este tema y concluimos que hay una realidad en el textil y es que existe una parte de artesanía que requiere tener una mano de obra cualificada constantemente, lo que es muy costoso. Por eso, yo no pido que las instituciones nos regalen nada, pero si que nos faciliten o mejoren determinadas políticas para que podamos respirar un poco más económicamente.

C.C. Tu taller de costura, ’Al Dedal’, acaba de cumplir 10 años. ¿Cómo ha sido rescatar la figura artesanal de la modista en un mundo cada vez más digitalizado?

L.P. Está siendo muy duro. Como te he comentado, estuve con Sybilla y sabía que me iba a preguntar, “¿Cómo te va?”, así que me preparé una respuesta. Le dije, “en 10 años he perdido mucho dinero, pero no he perdido mi dignidad”. Cuando hablo de dignidad en mi trabajo, hablo de no haber perdido los principios que me llevaron a abrir este taller, es decir, nunca he dejado de creer en la mano de obra, en la costura con mayúsculas.

Actualmente, este oficio se está perdiendo y si no tenemos clientes que valoren nuestro trabajo y estén dispuestos a pagarlo, pues difícilmente resistiremos. Esa es la parte más pesimista, aunque es cierto que también existe una evolución.

A pesar de que ‘Al Dedal’ nació en una época de crisis, hemos conseguido progresar y, en estos últimos cinco años, realmente se está volviendo a valorar la artesanía, el mérito que tiene una prenda bien hecha. En definitiva, cada vez más existe una responsabilidad social corporativa, por lo que el consumidor compra de otra forma. Pese a la dificultad que tiene trabajar en este oficio, veo un reconocimiento que espero que crezca.

C.C. ¿Recuerda quién fue su primer cliente?

L.P. Mi primer cliente fue María Barros, una gran diseñadora gallega que venía de estudiar en Italia y con una cultura de moda exquisita, por lo que fue un placer trabajar para ella.

C.C. Hoy en día, ¿hay mucha diferencia entre los primeros profesionales que recurrieron a usted y los actuales?

L.P. Estas pueden ser las típicas palabras que no agraden a todo el mundo, pero creo que algunos diseñadores de prestigio no valoran tanto nuestro trabajo como deberían. Eso es una realidad demostrada y, luego, hay jóvenes diseñadores o marcas nuevas que buscan este buen “saber hacer” como seña de identidad de su marca. En general, no ha variado el perfil de nuestro cliente, pero sí que hay una gran parte de nuestro primer cliente objetivo, el cual es el diseñador de pasarela reconocido, que no recurre a nuestro taller tan asiduamente.

Esto también puede ser por la situación económica en la que seguimos viviendo a pesar de todo, pero me ha sorprendido que algunos no valoren tanto nuestro trabajo como yo lo he valorado cuando he trabajado para Manuel Piña o Sybilla.

C.C. Cada vez más profesionales que quieren emprender en el mundo de la moda, ¿Cuál crees que es el truco para diferenciarse entre tanta competencia?

L.P. El truco es ser capaces de ver en qué somos buenos y en qué no, para averiguar cuales son nuestros puntos fuertes y nuestros defectos. Al fin y al cabo, un emprendedor debe tener energía, entusiasmo e ilusión, porque crear una empresa es una carrera de fondo.

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