Home PDV Crítica Terminator: ¿vuelve la saga a sus días de gloria?

Terminator se estrenó allá por 1984, poniendo a un casi novato Arnold Schwarzenegger (que acababa de tener su primer gran éxito como Conan el Bárbaro) en el papel de la máquina asesina perfecta, llegada desde el futuro para asesinar a Sarah Connor (Linda Hamilton) , futura madre del hombre que lideraría la resistencia contra las máquinas en la guerra que se produciría cuando Skynet, una inteligencia artificial desarrollada con propósitos militares, tomó  conciencia propia y, al considerar a los humanos una amenaza para su existencia, lanzó una serie de ataques nucleares que acabaron devastando el mundo entero. Eventualmente los humanos derrotan a Skynet, cuya jugada final es enviar al pasado al Terminator. La respuesta de la resistencia es enviar al soldado Kyle Reese para destruirlo, y garantizar la supervivencia de Sarah y su hijo.

Terminator, dirigida por James Cameron, fue un rotundo éxito. Su genial uso de efectos especiales, su banda sonora mecánica y un antagonista que, sin dejar mucho espacio a las capacidades interpretativas, lograba poner los pelos de punta se unieron para formar un clásico del cine que a día de hoy sigue suponiendo el papel más reconocible de su reparto.

Lo que parecía un hito cinematográfico único se repetiría en 1991 con Terminator 2: El juicio final. Repitiendo director y reparto, la secuela se atrevió a ir más allá del terror mecánico y exploró conceptos como la humanización de la inteligencia artificial y la nanotecnología, todo ello coronado con Linda Hamilton, (que, junto a Carrie Fisher y Sigourney Weaver, reclamaban su lugar como las protagonistas femeninas más reconocibles del cine de los 80). Sarah  ya no se limitaba a huir sino que se había transformado en toda una superviviente. En definitiva, un desafío al dicho “segundas partes nunca fueron buenas”

De decepción en decepción

La saga, pese a la negativa de Cameron de continuarla, se ampliaría a lo largo de los años  con numerosos cómics, una serie (Las crónicas de Sarah Connor) y tres películas más: Terminator 3: La rebelión de las máquinas, Terminator: Salvation y Terminator: Génesis, ninguna de las cuales alcanzó realmente el nivel de las dos primeras, llevando a los fans de decepción en decepción. El recurso del viaje en el tiempo, la reescritura de la línea temporal,la descanonización de ciertas entregas y el frecuente choque de enfoque de los directores y guionistas ante temas clave de la saga como el determinismo frente a la elección del destino no ayudaron.

Y es ahora en 2019 que se estrena la sexta entrega principal de Terminator, y que ignora completamente las tres últimas, siendo continuación directa de Terminator 2

¿Ha logrado por fin la saga acercarse a sus años de gloria?

El primer gran acierto reconocible de la película es recuperar a Sarah Connor, que a lo largo de los años se ha convertido en una auténtica experta en desguazar máquinas. Esto no quiere decir que la vida se lo vaya a poner fácil: como viene siendo costumbre, los Terminator se guardan un truco o dos bajo la manga. Linda Hamilton está en su salsa, con unas líneas que son el punto álgido de la película, y aunque el papel protagonista no es el suyo, sino que hace de mentora, no nos deja con ganas de más. Schwarzenegger también hace sus pinitos como secundario  pero su papel es aún menor, aunque tampoco decepciona. Los nuevos añadidos al elenco, por su parte, funcionan bien: pese a encontrarse entre dos leyendas vivas, el guión logra encontrar tiempo que dedicarles.

Por otro lado, el gran resbalón de la película es que ya en los primeros 10 minutos de la cinta, ocurre algo que no pienso desvelar, pero que es muy probable que moleste sobremanera a los fans de toda la vida. Esto  según parece se hace con la intención de romper el bucle argumental en el que la saga está atrapada desde hace años, pero, intencionalmente o no, el guión pisa su propio elemento diferenciador al introducir un personaje que acaba desempeñando el mismo rol del que se pretendía huir, resultando en un reemplazo innecesario y que sólo deja un mal sabor de boca. También encontramos guiñitos a la situación política actual, puesto que Sarah, que siempre ha tenido amigos en México, tiene un encontronazo o dos en la frontera con EEUU.

¿Sayonara, baby?

Los efectos especiales ya quedan lejos de los clásicos modelados a mano de T1; la CGI es la elección para toda la película, y suponen una continuación moderna de lo que vimos en T2.  La escenas de acción han ganado mucho, con usos de la cámara lenta y los planos cercanos que nos permiten apreciar la absoluta precisión de los movimientos de las máquinas. También es cierto que si lo más gordo que habíamos tenido antes era una persecución en camión, ahora tenemos enfrentamientos en la bodega de un avión en movimiento, con aterrizaje forzoso incluido: un toque de Fast and Furious que quizá no apetezca a todos.

Aún a pesar de esta capa de maquillaje moderno, el espectador no tardará mucho en darse cuenta de que la historia es en gran medida muy reminiscente de T2.  Sumando las nuevas incorporaciones podemos decir que la película, más que T3 es T2.5, lo cual, aunque supone un avance respecto a T3, 4 Y 5, sigue sin alcanzar el estándar de calidad deseable. Además, la película llega en un momento en el que el público parece estar hastiado: de  los 185 millones que ha costado la cinta (más otros 100 en tasas de distribución y marketing) no lleva recaudados más que 123. ¿Es quizá el momento de decirle “”Sayonara, baby” durante una larga temporada?

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