Home Gran Angular Trenzas de esclavitud

 

El ser humano, aprende mediante historias. Y las hay que caen en el olvido, o que no se conocen en muchos casos y que al contarlas sorprenden. Aquí cuento una que explica como el cabello de los africanos capturados para ser vendidos como esclavos, y de sus descendientes, marcó una simbología, manteniendo un espíritu de libertad, al mismo tiempo que la identidad. Curiosidad, emoción, historia, cultura…, alguno o varios de estos conceptos, quedan tras conocer la historia que titulo “Trenzas de esclavitud”

trenzas esclavitud

Foto: Gift Habeshaw para Unsplash

En 1.943 se descubrió el pueblo y yacimiento de Nok en Nigeria, que data del año 500 a.c. Destacan las terracotas, figuras modeladas en arcilla y su cocción a la cerámica. Entre estas figuras las hay que están decoradas con trenzas cosidas, también conocidas como “cornrows”

Históricamente en África, las trenzas podían ser una forma de expresión en ámbitos como la religión, la familia, el estatus, la edad o la diferenciación tribal entre otros.

En la travesía conocida como “Pasaje Medio”, aquella que consistía en el transporte del mercado de esclavos desde la África occidental a América, hacia el llamado “Nuevo Mundo”, se iniciaba por parte de los captores el comienzo del sometimiento de los capturados. A base de latigazos, golpes, duros y largos encadenamientos y diferentes tipos de castigo, los capturados se enfrentaban ya al olvido de sus raíces, de su pasado, a la pérdida no sólo de su libertad, sino también de su identidad. Por razones de higiene, los europeos afeitaban la cabeza a los esclavos africanos. Sin embargo, muchos de los esclavos, cuidaron la tradición y la cultura de las trenzas africanas para permanecer conectados a sus orígenes, a su herencia y preservar su identidad. El origen de las trenzas africanas es difícil de precisar, aunque han estado asociadas a las tribus del África subsahariana. 

Las trenzas variaban en cuanto al cuidado del cabello. El cabello debía de estar limpio y bien arreglado para poder trabajar en las plantaciones, pero dependiendo de los utensilios, el estilo de trenza cambiaba. Los esclavos no poseían ni peine ni tratamientos herbales como los que usaban en África. En algunas ocasiones, empleaban el uso de grasa de tocino, mantequilla o queroseno para limpiar y acondicionar su cabello. 

El transporte de esclavos desde las costas occidentales africanas a América se dio desde el siglo XV hasta el siglo XIX. Hasta el final de la esclavitud, entre parte de los esclavos, se presentaron dos tipos de resistencias: la pasiva, y la activa.

Los esclavos que se encargaban de boicotear las cosechas, romper las herramientas, trabajar poco, y, que en algunos casos, recurrían al suicidio, defendían la resistencia pasiva. Por otro lado, los esclavos que se dedicaban a generar revueltas y a darse a la fuga, eran los que practicaban la resistencia activa.

Los cimarrones

De hecho, a finales del siglo XVI, los esclavos conocidos como “cimarrones”, provenientes de la zona del Caribe y del Reino de Nueva Granada, se convirtieron en uno de los principales problemas que la Corona Española tuvo que enfrentar en sus colonias americanas.

Los “cimarrones” tenían como principal objetivo la huida, pero para ello, debían conocer la orografía del lugar, los bosques, los ríos…, y todos aquellos detalles  que pudieran ayudar a una fuga exitosa. Mientras los hombres realizaban trabajos forzados y al caer la noche, informaban a las mujeres de los lugares que habían visto, ellas, durante el día, al poseer mayor libertad, se dedicaban a inspeccionar dichos lugares para luego plasmarlos en el pelo de los más jóvenes. Era una forma de trazar un plan de huida sin necesidad de memorizarlo, ya que podían consultarlo en cualquier momento, sin resultar sospechoso, incluso en presencia de los amos, que ignoraban totalmente esta forma de comunicación e información. Los “cimarrones” convirtieron las trenzas africanas en mapas de huida.

Así lo narra la socióloga colombiana, Nelly Mendivelso, en su artículo “Mapa de fugas y otros secretos afro”, donde explica que las trenzas africanas son símbolos de la tradición desarrollada hace más de 500 años, por los tiempos de la esclavitud, y como los hombres tras ser obligados a diario a recorrer diferentes rutas para llegar a plantaciones y minas, transmitían la información a las mujeres, que a su vez, trenzaban todas las indicaciones en las cabezas de sus hijos con la intención de recordarlas y trazar diferentes y posibles rutas de escape. Se trenzaban de diversas formas y figuras en el pelo. Eran la clave para recuperar la dignidad y la libertad.

En algunas ocasiones, los esclavos escondían semillas entre el pelo y lo trenzaban para posteriormente plantarlos alrededor de los palenques. Los palenques eran los asentamientos, los santuarios de libertad, establecidos por los “cimarrones” huidos en la América hispana. Los diseños en las trenzas pasaron a ser mapas locales que facilitaban la huida para convertirse en auténticas rutas de escape y fugarse de las plantaciones a los palenques.

Simbolismo y estética

Una vez que la esclavitud fue abolida, las mujeres negras en América seguían alisándose el pelo. La mujer negra se había convertido en un individuo libre, pero aun así, debían seguir esforzándose por encajar en una sociedad racista. Tener una buena melena, cuidada y lisa era una buena forma de intentar encajar, no obstante, las mujeres negras, cada vez más jóvenes, seguían empleando el uso de las trenzas africanas, haciendo que predominase la tradición.

En la década de los años 50 del siglo XX, las trenzas de origen africano parecían tener un resurgimiento. Por otro lado, el estilo “afro” se estaba volviendo cada vez más popular para los negros residentes en América. Los artistas e intelectuales negros, escolares, universitarios y activistas comenzaron a buscar estilos africanos para peinar su pelo y marcar una identidad, lo que más adelante lo convertiría en una situación racial delicada.

En 1969, los estilos de los peinados en la población afroamericana llegaron a simbolizar un movimiento. En la década de los  70, el gran número de inmigrantes que llegó a Estados Unidos del oeste de África, trajeron aun más estilos para trenzar el pelo en América. En los 90, las trenzas cosidas se convierten en una simbología asociada al hip-hop. Con el paso del tiempo, los peinados de estilo afro fueron relacionados con estilos musicales y corrientes de moda, especialmente en la década de los 70.

Actualmente, el cuidado y el mantenimiento de los estilos de peinado africano, se ha convertido en una industria. Las trenzas o los peinados afroamericanos, ya no son únicamente una forma de reivindicar unas raíces étnicas o culturales, sino que también abarcan el aspecto estético, de la moda y del estilo. En algunos ámbitos han dejado de ser símbolos relacionados con el camino a la libertad, pasando al terreno de una estética original y desenfadada moderna.

Existen tiendas o locales especializados en las trenzas y en los rizos. Aquí en España, en los principales núcleos urbanos, donde residen un mayor número de inmigrantes africanos o también latinoamericanos, o ya españoles descendientes de estos, hay una amplia oferta de salones y peluquerías.  A modo de ejemplo, “Samvina” o “La trencería del Flow” en Barcelona, o “Afro Natural” en Madrid, son de los más conocidos, aunque hay un gran número de opciones. 

Hoy las trenzas son una estética, un estilo, un gusto…, pero fueron la esperanza y el camino a la libertad durante la esclavitud de millones de personas.

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