Home PDV Opinión Una vida en las estrellas

Cielo estrellado. Foto: Pixabay

Hace apenas unos días, Stephen Hawking, una de las grandes mentes de nuestro tiempo, fijó la sentencia de muerte para el planeta Tierra. Según sus propias palabras, dentro de un periodo menor a los 600 años la Tierra se convertirá en una terrible bola de fuego que acabará con la vida tal y como la conocemos. La superpoblación y el aumento de la demanda energética, han sido los factores que han llevado a la especie humana a ese futuro desolador. A juicio de Hawking, la única esperanza para la especie humana es emprender una de las mayores aventuras jamás vividas y trasladar sus hogares a las estrellas, en concreto, a Alpha Centauri, el sistema estelar más cercano al Sol. Para ello, el científico pide a posibles patrocinadores el respaldo de un proyecto (Breakthrough Starshot) que permita conducir vuelos tripulados al sistema vecino y así el ser humano pueda escapar de su destino para vivir otro millón de años.

A pesar de que la gran parte de nosotros no podremos ver, aparentemente, este hecho, imaginar como sería formar parte de una estrella o viajar al planeta Marte en cuestión de horas es un anhelo que merece verse satisfecho. Sin duda alguna, los más entusiasmados con esta noticia son los fans de las películas que hablan de guerras en otras galaxias, viajar en naves espaciales y codearse con otras formas de vida cada vez está más cerca.

Por otro lado, los astrónomos y los astrólogos también están de enhorabuena, los primeros podrán visitar el universo que con tanta dedicación han estado estudiando; mientras tanto, los segundos contemplarán y demostrarán a todo el mundo como los trígonos, cuadraturas, sextiles, conjunciones y oposiciones de los planetas ejercen una influencia en nuestras vidas.

En este viaje espacial, hasta los enamorados tienen un hueco reservado; viajar a la Luna para agradecer como ésta, abrumada por tanta plegaria de amantes y poetas, logró ablandar los corazones del ser amado también será posible. Incluso los más escépticos, acudirán al satélite de la Tierra para ver si realmente Neil Armstrong clavó allí la bandera.

Por último, para los ciudadanos de a pie, que no tenemos razón alguna para ir vagando por el espacio, vivir en las estrellas servirá para romper la monotonía de residir en un planeta en el que nadie parece querer estar.

Sin embargo, aunque todo el mundo quiera un billete para la nave espacial, se echa en falta un Cristobal Colón; un héroe de las constelaciones que se atreva a coger el timón de la nave y nos descubra una nueva vida que nos estaba vedada hasta ahora. Por desgracia, ese Colón tal vez no exista nunca; en una época en la que todo está inventado y en la que cada vez hay menos soñadores, resulta difícil dar credibilidad a la posibilidad de ser ciudadanos de otro mundo.

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